Ordenación Sacerdotal

Querido Ademar: Me siento muy feliz al ordenarte hoy presbítero por la imposición
de mis manos de obispo,sabiendo que Jesús un día te vio en este lugar.

MISA CRISMAL DIÓCESIS DE JALAPA

Este Martes 31 de marzo se celebró la Santa Misa Crismal, realizada en el decanato de Jalapa.

Orden Mons. Juan José Gerardi 2014

Reconocimiento a personas u organizaciones que hayan trabajado a favor de los Derechos Humanos.

CARTA ENCÍCLICA

LAUDATO SI’

DEL SANTO PADRE

FRANCISCO

SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN

1. «Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba»[1].

2. Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.

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Ordenación presbiteral de 

Ademar Adolfo Muñoz Sil

Ven conmigo

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Jer 1, 4-9/  Salmo 23/ 1 Tim 4,  12;/ Mc 1, 14-20

Hermanos presbíteros de la diócesis y de otras diócesis presentes,  hermanos y hermanas laicos de las diversas parroquias, hermanas de vida consagrada, seminaristas: 

1. No digas: “soy un niño” porque irás a donde yo te envíe… No les tengas miedo porque Yo estoy contigo.  Querido Ademar: Estas palabras dichas por Dios al profeta Jeremías en el momento de su vocación, Él mismo te las repite este día en tu ordenación. 

Me siento muy feliz al ordenarte hoy presbítero por la imposición de  mis manos de obispo, sabiendo que Jesús un día te vio en este lugar y te llamó igual que a los discípulos a la orilla del lago de Galilea: Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres. Ellos dejaron inmediatamente las redes y los siguieron.  ¡Ven conmigo! Te dijo. Y tú  también lo dejaste todo y lo seguiste. Conozco tus esfuerzos de seminarista para formarte como un apasionado discípulo de Jesús, sé de tu amor filial a la Madre de Jesús, María Santísima y a San José, patrono de esta parroquia.  Sé también del esfuerzo de tus padres y hermanos que también te han acompañado en este largo camino de formación. Han estado cerca de ti con la oración, con su trabajo y sobre todo con su entrega generosa viviendo su vida cristiana cada día. Además, han dedicado tiempo y entusiasmo a la promoción vocacional, de la que ellos mismos son responsables en esta parroquia, pequeña  en tamaño pero grande en fe y generosidad.  Llegó finalmente este día tan soñado por ti y para el cual te has preparado con especial esmero.

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Dios ha resucitado al CrucificadoQuienes le son fieles, lo reconocen Mc 16,1-8.Tres veces predijo Jesús su final, su pasión y muerte y como su etapa última,la resurrección enla plenitud de vida junto a Dios.     En el evangelio que hemos escuchado (Mc 16,1-8) *no encontramos descripción alguna de la resurrección, se nos narra cómo tres mujeres (María la Magdalena, María la de Santiago y  Salomé) reciben el mensaje pascual y cómo son conducidas a él. *EI punto de partida es su constante fidelidad a Jesús, su vinculación humana con él. Estas mujeres son mencionadas en Marcos por primera vez durante su crucifixión. Ellas asisten de lejos y ven la muerte de Jesús en la cruz. Ellas contemplan también la sepultura de Jesús y que participan en la muerte de Jesús como *testigos, con los ojos abiertos.Su presencia es muy llamativa, como contraste, ya que todos los discípulos han huido. Con el arresto de Jesús se han venido abajo para ellos todas sus esperanzas (cf 14,50).Parece, sin embargo, que estas mujeres están unidas a Jesús no tanto por sus anhelos y esperanzas cuanto por su fidelidad personal. Esta fidelidad las impulsa a hacer lo que todavía se puede hacer por un muerto —ungirle— y las conduce a la tumba de Jesús la mañana después del sábado.Las mujeres vienen de la cruz y van a la tumba. En el camino, las mujeres experimentan *sorpresa tras sorpresa: nada es como ellas se esperaban. Su estupor crece progresivamente. Paso tras paso, ellas se ven conducidas a algo completamente nuevo. Están preocupadas por causa de la piedra que cierra la tumba, pero la tumba está abierta. Quieren ungir el cadáver de Jesús, pero *su lugar está vacío. Esperan ver a Jesús muerto, pero *se encuentran con un ángel. En la tumba misma, en el lugar que parece haber cerrado de manera definitiva el capítulo «Jesús de Nazaret», se les dice lo que están haciendo y que su acción no corresponde a la realidad: *«Buscan a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí» (16,6). 

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La pasión de Jesús muestra hasta qué punto Dios nos ama  

 

La lectura de la Pasión de Jesús ha tocado esta tarde nuestro corazón. Nos ha llevado a preguntarnos ¿Por qué el mensaje de la Pasión de Jesús es parte esencial de la Buena Noticia, es decir, del evangelio? 

Encontramos varias respuestas. Veamos si hay coincidencia entre lo que yo les digo y lo que ustedes piensan.

Primera razón, es porque  la pasión de Jesús muestra hasta qué punto Dios nos ama: a ti, a mi, y a todos los hombres y mujeres del mundo, sin ninguna excepción. San Pablo sabía muy bien cuán grande es el amor de Dios, porque él lo experimentó en su propia vida. Pasó de ser perseguidor a muerte de Jesús y sus discípulos y se convirtió en apóstol. Y eso, lo llevó a escribir con convicción:  “El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿Cómo no va a darnos gratuitamente todas las demás cosas con él?” (Rom 8, 32: cf Jn 3, 16, Mc 9, 31). ¿Puede Dios ofrecer una demostración mayor de su amor?  ¿Descubro yo la pasión de Jesús como amor de Dios a mi?

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Nos amó hasta el extremo

Las lecturas de este día son familiares para nosotros.  La primera, es la descripción de la cena judía, en recuerdo de la primera Pascua, que se celebró cuando el pueblo de Israel salió de Egipto a la libertad -el Éxodo- que en la Biblia y la Liturgia es vista como anticipación de otra liberación mayor: la que Cristo nos alcanza con su muerte y resurrección.

La segunda, es un antiguo y venerable texto de San Pablo en su Primera Carta a los corintios.  Más antiguo que los mismos evangelios.  Recuerda cómo fue instituida la cena del Señor, la Eucaristía, ese sacramento esencial en la vida cristiana. No debemos perder de vista el contexto de esta narración que son las diferencias sociales de quienes participaban en la celebración, pues mientras unos pasan hambre otros tienen de sobra y hasta se emborrachan.  Esta lectura nos advierte que es una contradicción actualizar el recuerdo  y la presencia del Señor, el que pasó haciendo el bien y entregándose a sus hermanos los hombres, y no ser capaces de compartir  con los demás lo que somos y tenemos. 

El evangelio, está tomado del evangelio de San Juan.  Este evangelio  dedica gran parte del capítulo sexto a Jesús, Pan de vida, y, sin embargo, no narra la institución de la Eucaristía.  En lugar de ella, pone el lavatorio de los pies, que viene precedido de una solemne introducción en la que se dice que Jesús  “nos amó hasta el extremo” (Jn 13, 1).  Amar como Jesús nos amó es a lo que nos llama la Eucaristía, el pan que se rompe, cómo se quebró por amor el cuerpo de Jesús, y el vino de la nueva alianza, que se derrama como la sangre bendita del mismo Señor.  Ese servicio hasta dar la vida por nuestros hermanos es lo que significa el lavatorio de los pies. 

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Parroquia San Agustín, San Agustín Acasaguastlán, El Progreso

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Gran Semana Misionera en la Parroquia San Agustín, San Agustín Acasaguastlán, El Progreso.